La verdadera historia del hombre que encontró la ciudad de Troya.
La ciudad homérica que todo el mundo creía salida de la imaginación del poeta…
¡Existía realmente!
«Doy gracias a Dios porque nunca me ha abandonado la firme creencia en la existencia de Troya»
La vida y los viajes de Schliemann tienen algo de predestinación y algo de obstinación, tal vez a partes iguales.
Desde niño, y motivado por las lecturas que su padre le hacía de los poemas épicos de Homero, creyó ciegamente que Troya, una cuidad nacida de la fantasía, existió realmente.
Contra todo pronóstico, y prácticamente sin apoyos, comenzó la búsqueda de aquellas ciudades «inventadas» y… ¡las encontró!