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Gonzalo de Sandoval, estrella fugaz de conquista

27 mayo 2024

Allá por donde pasan las estelas de Extremadura, por muy fugaces que sean, sus huellas se graban con honda suela en los recodos de la Historia.
Y eso mismo es lo que sucedió con Gonzalo de Sandoval, el joven y aguerrido metelinense que acompañó a Cortés en la conquista del Imperio
Mexica.

Nacido en Medellín hacia 1497, su fecha de natura parecía premonizar su destino. Aquel mismo año en el que Vasco de Gama zarpaba de Lisboa
camino de su viaje a la India y Juan Caboto desembarcaba en América del Norte, parecía premonizar el espíritu aventurero que identificaría al
extremeño. Hijo de Juan de Sandoval, alcaide de la villa y Cecilia Vázquez, Gonzalo vino al mundo en una familia de cierto acomodo pero sin exceso
de lujos.


Poco provecho vería en su tierra natal, por lo que el 11 de noviembre de 1516 obtuvo licencia de embarque para pasar a Indias en busca de un
futuro más industrioso. Es probable que con él viajase Alonso Hernández de Portocarrero, sobrino del Conde de Medellín (quien sería el primer
amante de Malintzin). A sus 19 años se encontraba en la isla de Cuba, por aquel momento en plena efervescencia pobladora. Allí toparía con
personalidades como Pedro de Alvarado, Alonso de Montejo o el adelantado Diego Velázquez de Cuéllar. También se reencontraría con
paisanos de su solar, fue este el caso de Hernán Cortés, que a esas alturas se proyectaba como uno de los hacendados más ricos de la isla y
era un ejemplo a seguir para prosperar.

Es por ello que no dudó en enrolarse en la expedición que este último preparó en 1519 rumbo al Yucatán tras el beneplácito expreso y ofrecimiento de Diego Velázquez. Cortés era la persona mejor colocada para tal empresa: hombre más rico de Cuba, leguleyo experimentado, afanoso y con una determinación extraordinaria. Y lo hizo en calidad de capitán, aunque en un inicio apenas se le tuvo en cuenta, debido a su
bisoñez y a ser el más joven de entre todos (22 años). Sin embargo, muy pronto se destacó sobremanera tan pronto como le dieron la oportunidad de mostrar su lealtad y valía. Bernal Díaz del Castillo, el famoso cronista conquistador, con quien guardó una gran amistad a la postre, diría de él que, “como era mancebo entonces, no se tuvo tanta cuenta con él… hasta que le vimos florecer en tanta manera, que Cortés y todos los soldados le teníamos en tanta estima como al mismo Cortés”.

Sandoval luchó junto a Cortés en Centla contra los mayas chontales en la primera batalla dada en el Nuevo Mundo donde la caballería tuvo un papel capital. Del mismo modo, apoyó a su paisano en la misma fundación de la Villa Rica de la Veracruz, como paso previo a la ruptura con Velázquez y posterior exploración y conquista de México. Fue a partir de este momento cuando Cortés tomó buena nota y expuso en público la destreza de su paisano, llegando a llamarlo en público “hijo Sandoval”. Es por ello también que, a su dura llegada a Tlaxcala, tras aguantar los ataques y consumar la alianza con “el pueblo elegido de México”, el Capitán General dispusiese la unión de Gonzalo con Toltequequetzaltzin hija del respetado jefe Xicoténcatl, a quien bautizó como Isabel.


El joven capitán continuó dando muestras de su valía en actuaciones como la contracelada de Cholula y la decisión de apresar a Moctezuma, tlatoani (emperador) azteca, en su propio palacio en 1519, controlando el imperio y desbrozándolo al completo. Y mientras tanto, Sandoval gozaba del cargo de alguacil mayor (autoridad en temas de aplicación de la ley, vigilancia en su cumplimento…) que le había otorgado su paisano en virtud de la confianza que le depositaba. La llegada de la armada de Pánfilo de Narváez a Veracruz, enviada por Velázquez para apresar al “alzado”
Cortés y hacerse con las riendas de la expedición, interrumpió abruptamente aquel plácido ínterin.


Narváez llevaba consigo la mayor hueste conformada hasta entonces en tierras americanas: unos 800 hombres y 80 caballos. A su encuentro salió
Cortés hasta Cempoala con algunos de sus aliados tlaxcaltecas y unos 70 soldados. Sandoval tuvo aquí un papel destacado, adelantándose junto a fray Bartolomé de Olmedo a Cortés para agasajar con oro o apresar a los principales capitanes y oficiales de Narváez, sumándolos a su causa. Es por ello que Cortés apenas tuvo problemas para hacerse con la situación, pudiendo apresar por sorpresa al enviado de Velázquez y haciéndose con su hueste. No pudieron regocijarse mucho de esta acción, ya que al poco llegaron las noticias de la Matanza del Templo Mayor provocada por Pedro de Alvarado y el consiguiente alzamiento indígena de Tenochtitlan.


La entrada de la hueste en la turbulenta capital Mexica y la muerte y deposición de Moctezuma a manos de su pueblo obligaron a los españoles
y a sus aliados indígenas a retirarse en la conocida Noche Triste, una jornada cruenta y sanguinaria para los conquistadores en la que se perdió casi todo el botín obtenido, el quinto del rey y varios centenares de vidas españolas amén de miles de nativos aliados. Encabezó a vanguardia la
columna de retirada el propio Sandoval, batiéndose con mucha sangre y saliendo airoso, lo mismo que en el milagro de Otumba y en el repliegue
exitoso con ánimos abatidos en Tlaxcala.


Aquellas duras jornadas hicieron de Sandoval la mano derecha de un Cortés que no se resistía a rendirse y que, a partir de entonces, lucharía con denuedo por reorganizar y reconducir la empresa a la conquista definitiva de México-Tenochtitlan. El metelinense, “muy esforzado y de buenos consejos” (que escribiría Bernal Díaz) recibió el encargo de machacar y sojuzgar a los pueblos limítrofes y aliados de los aztecas para el ataque anfibio definitivo que se preveía y de encabezar la escolta y transporte de los bergantines desmontados que Cortés pretendía emplazar en el lago Texcoco para dicha ofensiva. Tenochtitlan caería el 13 de agosto de 1521 con la captura del último tlatoani mexica Cuauhtémoc. Y en el mismo asedio a la ciudad, Gonzalo de Sandoval correría con las tareas más duras, tales como tomar la calzada de Iztapalapa.


Sandoval podría haber puesto freno aquí, pero optó por continuar con su actividad conquistadora en vistas al botín que recibió, que si bien lucrativo, no le permitiría vivir de acuerdo a lo que él aspiraba. Fue así como extendió los dominios de la Nueva España por zonas como Huatusco,
Tuxtepec, Oaxaca… e incluso acompañó a Cortés en su desastrosa expedición a las Hibueras.


Esta misma lealtad y los deseos de reclamar los títulos que merecía por esfuerzo y méritos le llevaron a embarcarse con su paisano en 1528 a
España para entrevistarse con el rey Carlos I. A finales de mayo llegarían al puerto de Palos, descansando unos días en el monasterio de la Rábida.
Sandoval cayó gravemente enfermo al poco de llegar y un cordonero de jarcias del lugar se ofreció a cuidar de él. Pasó varios días en casa de su anfitrión, pero su estado no hizo sino empeorar, cosa que aprovechó el cordonero para robarle las 13 barras de oro que Gonzalo tenía por única
fortuna y huir a Portugal.


Al poco de aquello, el esmerado Gonzalo de Sandoval, sabiendo que su fin estaba cerca, requirió la presencia de su amigo Hernán Cortés, quien
acudió presto, lleno de ira por cuanto había llegado a sus oídos y sobrepasado por la pena que le producía despedir de este mundo a su más leal amigo y capitán.


Sandoval murió joven (31 años), comido por las fiebres y despojado de su oro por un simple ratero, pero lo hizo en su querida tierra, acompañado por su amigo y con la satisfacción de haber puesto un imperio a sus pies, y como no, al servicio de su rey.

Manuel Fuentes Márquez

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