la conquista de méxico manuel fuentes márquez

Éxito y ruina. El dispar resultado de los conquistadores de México

22 agosto 2025

En contra de la creencia popular, la conquista de América no supuso el enriquecimiento de todas aquellas personas que participaron en ella. Cortés, Pizarro, Alvarado… Son ejemplos de éxito, pero, por contra, muchos otros conquistadores quedaron seriamente endeudados.


UNA BONITA PROMESA; UN ALTO RIESGO

Si bien es cierto que las promesas de riquezas infinitas fueron los principales motivos que empujaron a miles de españoles a embarcarse rumbo a Indias, la realidad terminaba por imponerse una vez finalizada la aventura.


El caso de la conquista de México (1519-1521) es uno de los mejores exponentes. Al inicio de la expedición, el entusiasmo por mejorar sus vidas llevó a cientos de hombres a endeudarse para hacerse de armas, armaduras y vituallas con las que sustentarse por largo tiempo en un lugar desconocido. Cada uno aportó cuanto tenía en función de lo que podía, asumiendo un riesgo incalculable, especialmente cuando la hacienda era grande -Hernán
Cortés llegó a empeñarlo todo-. Con lo cual, no puede extrañarnos que, en la mayoría de las ocasiones, la voluntad final de casi todos siempre fue: éxito o muerte.

¿UNA RECOMPENSA JUSTA?


Siguiendo el ejemplo de la conquista de México, hay que comentar que, llegado el momento de repartir el botín, tras fundir todas las piezas de oro recabadas, tal y como recogían las ordenanzas de 1520, el tesoro ascendía a, aproximadamente, 130.000 pesos de oro (598kg) según López de Gómara. Lo cual se repartió así: 1/5 para la Corona (lo reglamentado en todas las capitulaciones): 26.000 pesos; 1/5 para Cortés (acordado por la hueste): 20.000 pesos; 3/5 para la hueste (a repartir descontando a capitanes): 83.200 pesos.


Algo desigual si prestamos atención. Y es que, por muy mal que suene, para un soldado del corriente, el beneficio económico se veía reñido con el número de compañeros supervivientes. Así que lo más normal era que la recompensa obtenida decepcionara y enfadara a más de uno, que no conseguía ver resarcidas sus deudas. Fue por este motivo que Cortés, como otros conquistadores, se vio obligado a improvisar un régimen de
servidumbre feudal -a la europea- concediendo tierras y vasallos a buena parte de sus hombres y enviando a otros tantos a nuevas expediciones hasta tener noticias o una solución del rey. Así, los mismos soldados que un día se enrolaron en la aventura que creían cambiaría sus vidas, acababan reenganchándose una y otra vez en nuevas empresas sin un porvenir nada claro.

LA DURA REALIDAD DEL CONQUISTADOR


Tras varias décadas o años probando suerte para poner fin a sus deudas y mejorar su situación, muchos conquistadores terminaban viéndose arruinados, lisiados de por vida y marcados por los estragos de la guerra. Algunas crónicas muestran esta cruda realidad, recogiendo que vivían en la más absoluta miseria, en chozas de paja o a la intemperie, sin tener qué llevarse a la boca ni pudiendo sustentar a sus hijos.

Apartados y vistos con recelo por la nueva administración enviada por la Corona, a muchos no les quedó otra que acudir a la camaradería de antaño, auxiliándose entre ellos o pidiendo socorros económicos a sus antiguos capitanes enriquecidos. La desesperación, en sus casos más extremos, llevó a muchos a solicitar licencia para sobrevivir pidiendo limosna, dependiendo de la caridad cristiana a la que nunca pudieron imaginar acogerse.


No hay que olvidar que la conquista no dejaba de ser una empresa particular con la licencia y amparo de la Corona. Todos buscaban el éxito, pero los beneficios casi nunca resultaban ser los esperados, especialmente para el común de los soldados, que viejos y empobrecidos fueron olvidados por una administración que tanto debía a quienes pusieron un Nuevo Mundo a sus pies.

Manuel Fuentes

librosylanzas.com

Bibliografía:
-Mira Caballos, Esteban. Hernán Cortés: el fin de una leyenda. (2010).
-Martínez, José Luis. Hernán Cortés. (1990).
-Benjamín Terán, Juan. El nacimiento de la América española. (1927).
-Cuevas Góngora, David. El tesoro perdido de Moctezuma. (2011).

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